De Viajes, Paradigmas y Libros Electrónicos
Por: Alejandro Alemán
Twitter: @aaleman
El fin de semana pasado tuve la oportunidad de estar en la playa (no por placer, sino por trabajo) y al darme una escapada para disfrutar del mar pude ver que la gente poco a poco está cambiando la manera en la que interactúa con el mundo digital.
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Al dar un vistazo rápido por la zona, aún cuando pude ver gente muy intrépida sacando fotos en medio de la alberca con su DSLR (O_o), también pude captar a otros con sus cámaras de foto y video resistentes al agua. En la playa incluso pude observar muchos iPods y smartphones, pero entre las cosas más notorias había uno que otro iPad y bastantes Kindle.
Esto me llamó la atención puesto que hace algunos años era muy común ver a la gente en su camastro leyendo un libro impreso, pero como sabemos, las cosas están cambiando, y hoy en día nos encontramos con estos nuevos desarrollos tecnológicos que están rompiendo otro paradigma que ha estado presente en nuestras vidas por años.
Cambiar un paradigma es de las cosas más complicadas para los seres humanos. Quizá sea por eso que la adopción de los nuevos procesos y el avance tecnológico no sean tan rápidos como los entusiastas quisieran.
Los seres humanos somos individuos de costumbres, de hábitos; incluso cabe recordar a Aristóteles: “Somos lo que repetidamente hacemos, por lo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”.
A los seres humanos nos cuesta mucho trabajo dejar de hacer las cosas como las hemos hecho siempre. Creo además que entre más crecemos más nos resistimos al cambio, y mientras las nuevas herramientas no nos proporcionen el nivel de usabilidad de las actuales, difícilmente dejaremos de hacer las cosas como nos han funcionado toda la vida.
Sin embargo, a lo largo de la historia hemos visto grandes cambios que – sin duda paulatinos – dieron un giro completo a la manera en que hacemos las cosas. El ejemplo más reciente y claro es el iPod, que apareció y sepultó al Walkman para siempre, y viajando un poco más al pasado podremos encontrar otros ejemplos que hoy, por estar tan permeados en nuestra vida diaria, quizá no podamos notar, tal es el caso de los automóviles, los electrodomésticos o incluso el uso de la energía eléctrica.
Así pues, la tecnología se va adoptando poco a poco y esto es principalmente gracias a las nuevas generaciones, que desde su inicio la incorporan como parte de su paradigma y por ende les resulta natural su utilización.
Por ejemplo, he visto ahora cómo los niños pequeños, cuando se aburren de un canal se paran frente a la televisión y deslizan su dedo a través de la pantalla intentando cambiarlo, tal y como lo harían con un smartphone visualizando fotografías.
Hace ya unos años leí un libro que cambió mi manera de ver la información radicalmente, y es “La Vida Social de la Información“, de Brown y Duguid, donde los autores abordan la importancia que tiene el contexto para los seres humanos y de cómo éste hace todavía más difícil el cambio de tecnología.
En particular recuerdo que toca el tema de los periódicos: ¿Es cierto que los periódicos en papel desaparecerán ante el rotundo éxito de sus versiones electrónicas?
La tesis del libro es que no era muy probable, ya que en el proceso de lectura, según
el libro, también intervienen otros factores como el olfato o el tacto. Quizá a la gente le guste leer el periódico en la mañana sobre la mesa del desayuno o sobre su escritorio de trabajo no sólo por el simple hecho de leer, sino también por toda la experiencia sensorial que esto representa: Sentir el papel, dar la vuelta a la hoja, oler la tinta, mancharse los dedos.
Recientemente pensando en ello llegué a la conclusión de que con los libros me pasa exactamente igual, para mi la experiencia de leer un libro no está solo con las letras: me gusta el aroma de un libro nuevo, y me gusta quitar el celofán, tomar el libro con las manos y doblarlo, poder subrayarlo, doblar las esquinas de las hojas, etc… y pienso que mientras la tecnología no nos permita tener la misma experiencia, va a ser muy difícil su adopción.
En el futuro, quizá no para mis hijos, pero sí para mis nietos ya sea natural leer el periódico, revistas y sus libros de texto a través de un lector electrónico o una tablet que brinde la misma experiencia contextual del papel, pero que además permita una nueva relación con el contenido. Y seguramente para ellos el libro impreso resultará algo digno de un museo.
Algunos dirán que exagero, que los libros nunca van a desaparecer, y no, no lo harán, simplemente cambiarán de formato. Así pasó ya con las enciclopedias: ahora ese negocio se ha transformado radicalmente y el tener un ejemplar impreso es más un lujo que una necesidad.
En fin, lo bueno es que por ahora no tengo ni Kindle ni iPad, no me interesa, quizá en un futuro rompa mis paradigmas e intente leer algo en esos aparatos. Quién sabe, puede ser que me resulte increíble, que me cambie de por vida al formato digital, y que mi problema sea ahora qué hacer con ese librero nuevo que me regalé esta Navidad.


Esta investigación tiene por objetivo dar a conocer los hábitos de escucha, almacenamiento y descarga de música del consumidor mexicano.
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